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RUIDO DE AÑOS PERDIDOS (Jordi Izquierdo)

viernes, 7 de diciembre de 2012


Un ruido hace que me despierte.

Ruido compartido de una puerta chirriante que se abre, de una habitación blanco metálico.

Al fondo yo, sin recordar como he llegado hasta aquí. Solo me llegan olores a mi memoria. El olor de las barricas de vino, de la taberna que regentaba mi padre en el pueblo. El olor del mar, la primera vez que me escape y vi su inmenso color azul. El olor del miedo en mi primera manifestación, que hizo que venciera al pànico. El olor del primer y único amor,olor a agua de rosas, el perfume de ella. 
Y ahora llega hasta mi por primera vez, al abrirse esa puerta, el olor a muerte, mi muerte.

Imaginación (Jordi Izquierdo)

jueves, 9 de agosto de 2012


Salto al vacio...una via y zass!!!! el tren de la pagina en blanco, hace sangrar la pluma de mi imaginación.

Imaginación (Jordi Izquierdo)


Salto al vacio...una via y zass!!!! el tren de la pagina en blanco, hace sangrar la pluma de mi imaginación.

Olvido (Jordi Izquierdo)

martes, 6 de marzo de 2012


Me olvidé,
de las horas, los minutos,
los segundos, me olvidé.
De los besos,
de las caricias, tu pelo,
tu sonrisa, me olvidé.
De entrar,
de salir, de disfrutar,
de bailar, me olvidé.
De ti, sin embargo,
de ti...no logro conjugar,
el verbo olvidar.

Olvido (Jordi Izquierdo)


Me olvidé,
de las horas, los minutos,
los segundos, me olvidé.
De los besos,
de las caricias, tu pelo,
tu sonrisa, me olvidé.
De entrar,
de salir, de disfrutar,
de bailar, me olvidé.
De ti, sin embargo,
de ti...no logro conjugar,
el verbo olvidar.

3.B (Jordi Izquierdo)

viernes, 24 de febrero de 2012

El verano llegó a su fin, y con él vino la Vuelta al Cole.

Siete paradas de metro tenían la culpa de que yo no perteneciese a ese lugar. Esa era la distancia. Era mi segundo año, pero no me había integrado, no había hecho amigos.

Volví a entrar en la clase de segundo A, cuya profesora, la señorita Marina, nos recibía aún con una sonrisa de oreja a oreja.

Pasó lista, desde la A a la Z. Estábamos todos. De repente llamaron a la puerta y esta se abrió, y asomó una cabeza canosa, con grandes ojos, una nariz gorda y roja subrayada por un gran bigote, de esos que aparecían en las películas de los ingleses.

-Ah buenos días Don Pablo- saludo la señorita Marina.

-Buenos días Marina- respondió la cabeza que asomaba por la puerta, y que ya se había introducido con su cuerpo en el aula-, vengo a por los chicos que pasan de curso.

-Bien, Don Pablo, puede nombrar a los que se van a su clase.

El bigote empezó a moverse al tiempo que iba nombrando nombres y apellidos. Me pilló de sorpresa cuando oí el mío, y como todos los que iba nombrando, recogí mi maleta y me puse en la fila.

Cuando ya estábamos todos, el bigote se despidió de la sonrisa que estaba sentada tras la mesa.

Y como si fuéramos patitos que siguen a su mamá, nosotros seguimos al señor del bigote hasta otra aula, que sólo se diferenciaba de la primera en que en la puerta ponía 3º B.

El impacto fue soberano. A mis ocho años, el amor llamó por primera vez a mi corazón. Tras la puerta ya había sentados en sus pupitres varios chicos y chicas, pero lo primero que destacó del aula fueron unos ojos color de miel y sus trenzas de color castaño.

Conforme nos iba nombrando, el bigote nos fue sentando en los pupitres libres. Empecé a rezar para que mi apellido y el suyo fueran seguidos, y así poder sentarme lo más cerca posible de esos ojos.

Mala suerte, el hueco junto a su pupitre lo ocupó un chico llamado Javier Herrando, el chico más popular de todo el colegio. Cuando el profe llegó a la J, que es la letra con la que empieza mi apellido, yo estaba en la otra punta del aula y a un mundo de distancia de la chica de las coletas.

A la hora del patio, me puse rojo como un tomate. Me acerqué y aquellos ojos color miel me miraron por primera vez. Pero después de su mirada, su boca se abrió y una lengua rosa salió en un gesto de burla. Ya no me interesaba nada, desfallecí hasta el día siguiente.

EULISIPO MODESTO

3.B (Jordi Izquierdo)

El verano llegó a su fin, y con él vino la Vuelta al Cole.

Siete paradas de metro tenían la culpa de que yo no perteneciese a ese lugar. Esa era la distancia. Era mi segundo año, pero no me había integrado, no había hecho amigos.

Volví a entrar en la clase de segundo A, cuya profesora, la señorita Marina, nos recibía aún con una sonrisa de oreja a oreja.

Pasó lista, desde la A a la Z. Estábamos todos. De repente llamaron a la puerta y esta se abrió, y asomó una cabeza canosa, con grandes ojos, una nariz gorda y roja subrayada por un gran bigote, de esos que aparecían en las películas de los ingleses.

-Ah buenos días Don Pablo- saludo la señorita Marina.

-Buenos días Marina- respondió la cabeza que asomaba por la puerta, y que ya se había introducido con su cuerpo en el aula-, vengo a por los chicos que pasan de curso.

-Bien, Don Pablo, puede nombrar a los que se van a su clase.

El bigote empezó a moverse al tiempo que iba nombrando nombres y apellidos. Me pilló de sorpresa cuando oí el mío, y como todos los que iba nombrando, recogí mi maleta y me puse en la fila.

Cuando ya estábamos todos, el bigote se despidió de la sonrisa que estaba sentada tras la mesa.

Y como si fuéramos patitos que siguen a su mamá, nosotros seguimos al señor del bigote hasta otra aula, que sólo se diferenciaba de la primera en que en la puerta ponía 3º B.

El impacto fue soberano. A mis ocho años, el amor llamó por primera vez a mi corazón. Tras la puerta ya había sentados en sus pupitres varios chicos y chicas, pero lo primero que destacó del aula fueron unos ojos color de miel y sus trenzas de color castaño.

Conforme nos iba nombrando, el bigote nos fue sentando en los pupitres libres. Empecé a rezar para que mi apellido y el suyo fueran seguidos, y así poder sentarme lo más cerca posible de esos ojos.

Mala suerte, el hueco junto a su pupitre lo ocupó un chico llamado Javier Herrando, el chico más popular de todo el colegio. Cuando el profe llegó a la J, que es la letra con la que empieza mi apellido, yo estaba en la otra punta del aula y a un mundo de distancia de la chica de las coletas.

A la hora del patio, me puse rojo como un tomate. Me acerqué y aquellos ojos color miel me miraron por primera vez. Pero después de su mirada, su boca se abrió y una lengua rosa salió en un gesto de burla. Ya no me interesaba nada, desfallecí hasta el día siguiente.

EULISIPO MODESTO

EL VENDEDOR DE HUMOS CAPITULO 4 (Jordi Izquierdo)

sábado, 21 de enero de 2012

Ding, dong….


No habíamos probado nada de la cena, tal como entró por la puerta, Laura me pidió que le hiciera el amor, con lo que pasamos directamente al postre.


Ding, dong, ding, dong


Al terminar se marcho diciéndome que necesitaba tiempo, que necesitaba descansar de lo nuestro, con lo que el anillo se quedó dentro de su cajita.


Ding, dong, ding, dong, ding, dong.


¿Quien coño estaría con el dedo enganchado al timbre de casa? Con lo que me levanto de muy mala gana, dejando mi soledad y mis pensamientos sobre el colchón de mi cama. Abro la puerta, y ahí está, un hombre bajito, con bigotito, que me recuerda a un jefe de estado que tuvo nuestro gran país. Me mira de arriba abajo y es entonces que caigo en la cuenta, que estoy como mi madre me trajo al mundo, cuando veo su cara de perplejidad.

-Señor Miró, me debe tres meses de alquiler, debo pedirle que el lunes abandone el apartamento, si no hace efectivo el importe adeudado.
-Peroooo…. Musito
- No hay peros, haga efectivo el abono –me replica el señor Lorente- o de lo contrario, el lunes lo quiero fuera. Se da media vuelta y desaparece de mi vista.

Pienso que vaya semanita que llevo, realmente, ¿me puede ir peor?

El Vendedor de Humos 2. capitulo (Jordi Izquierdo)

sábado, 26 de noviembre de 2011

CAPITULO 2

Después de la reunión, salimos en dirección a L'Arboç, un pueblo de Tarragona.

Sergio, el super guapo y jefe de grupo, nos lleva en su opel astra. A su lado se sienta Montse, una chica rubia, de pelo corto,alta y esbelta de las que dan miedo, pero al mismo tiempo atraen a cualquier hombre por su belleza felina.

Yo sinceramente, creo que entre Montse y Sergio, hay algo más que una simple relación laboral.

En el asiento de atras, estamos Toni, sentado detrás del conductor, un chico que lleva con nosotros tan solo un par de semanas. Entre nosotros, Toni es un poquito raro, creo que le gustan los chicos y que ha entrado en la empresa, porque es el sobrino del director de personal de la empresa.

En medio está Isa la más mayor del grupo, una mujer de mucho caracter, bajita, rechoncha,cuarentona, solterona y que lleva la mitad de su vida esclavizada en la empresa. Su fisico si se analiza un poco, recuerda a la actriz española Rafaela Aparicio, aunque no tiene la gracia que tiene esta.

Detrás de Montse voy yo, mirando por la ventana, pensando en la reunión y lo que es más importante, en la reunión, que segun nos informó Sergio, tendrá lugar el proximo viernes.

Según los últimos balances de ventas, soy el que menos vende, y por lo tanto mi futuro depende de un hilo.

Pienso también en que comprarle para los enamorados a Laura, mi novia. Aun no vivimos juntos, pero deseo pedirle que lo hagamos en breve, si no me despiden antes.

Ahora que lo pienso bien a fondo, mientras veo pasar a gran velocidad los coches y camiones que adelantamos por la autopista, como hemos caído en los tentaculos del capitalismo. Si ellos te dicen que tienes que celebrar San Valentin, ¡hala a celebrar San Valentín!, que te dicen que en Navidad tienes que gastarte un dineral, ¡venga, tu a gastarte un dineral!

También pienso en mi vida y descubro con gran desconcierto, que estoy vacio, que me he convertido en un esclavo-muñeco de esta sociedad.

Me falta algo y no se que es, por más vueltas que le doy.

Llegamos a L'Arboç, Sergio aparca su maravilloso coche, segun él, junto a la pequeña replica de La Giralda de Sevilla que hay en la localidad. Bajamos todos del coche y comienza otro nuevo ritual, de los muñecos-esclavos que somos los humanos de la clase trabajadora. Una expresión que nos han impuesto, para que nos sintamos más burgueses, más dignos y sobre todo, para que no protestemos cuando los ricos nos imponen más esfuerzos y sacrificios para pagar sus caprichos. 

El ritual consiste en la reunión previsita entre el grupo. Sergio deja a Isa que se apañe sola, que le asigna una zona del pueblo, total, ya tiene experiencia.

El como no, va con Montse a intentar vender en un barrio de la localidad. Y a mi, me asigna a Toni, para que lo instruya, mientras intentamos vender por el centro de la localidad. Nos separamos no sin antes concretar que nos vemos a la 12: 30 horas en el coche.

Toni y yo nos quedamos solos.

continuará......

Todo "Final" tiene un "Comienzo" (Jordi Izquierdo)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Todo final tiene un comienzo, el mio, tiene lugar en el magnifico (para algunos) año de 2002.

Bip, bip,bip....suena la melodía de Florencio Torrelledo, "estoy loco por el tenis", en la melodia de mi movil, que está programado para sonar a las 06:27 minutos A.m.

Abro un ojo, gruño como oso, alargo la mano bajo las sabanas en aquella fria mañana de Febrero, mido palmo a palmo la mesita de noche, hasta que por fin doy con el maldito movil, lo apago y me doy media vuelta.

6:35 minutos A.m ¡¡Rimg, ring, ring!!...ummmm maldita sea, ahora es el despertador el que suena. Para apagarlo, tengo que levantarme de la cama y acercarme hacia la estanteria que hay en la pared de enfrente.

Una vez levantado, toca el ritual de cada dia, lavabo a miccionar, afeitado y ducha. Despúes me decido por vestirme con el traje azul y ponerme una corbata a rayas azul y granate. Salgo de mi apartamento, cierro con dos vueltas y bajo por las escaleras los cuatro pisos del edificio, situado en el raval barcelonés.

Desciendo a los subterraneos de la ciudad, para cojer el metro, estación Paral.lel, en hora punta y desplazarme a mi puesto de trabajo, una oficina de la editorial "LA ESTANTERIA DEL LIBRO", situada en la calle Padilla del barrio de la Sagrada Familia, que se dedica a la ventas de libros puerta a puerta, para conocer de mi jefe el planing de la semana.

Salgo del metro, miro mi reloj, 7:33 a.m. Me dá tiempo de tomarme un café, así que decido pararme en el Ardevol bar de la avenida Gaudí.

Al entrar me saluda el camarero.

-¿que hay nen? ¿lo de cada día?

-Lo de cada día, respondo de mala gana.

No salgo de la monotonía, lo de cada día es un café solo y un donut de chocolate, ese es mi desayuno diario.

Estoy a punto de beber un sorbo de café, cuando en ese momento, un fuerte manotazo en mi espalda, me empuja hacia adelante, derrama un poco de café en la barra que casi me mancha, al tiempo que oigo una voz conocida.

-Hombre, Eleusipo, que ¿tomando tu dosis de cafeína diaria?.

Me doy la vuelta y miro de muy mala gana y manera, a la cara del que ha hablado, es mi jefe de equipo, el Señor, Sergio Pecho, un chulo, despota y machito, atractivo para las chicas, o al menos, eso se piensa el, que encima se cree siempre en posesión de la verdad y de que todo lo sabe.

Continuará
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