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DEVANEOS (Manuela Llera)

martes, 23 de julio de 2013

                        


 

Ya no me quiero enterar
de cuales son los motivos.
Que llevas de bar en bar
para ahogarlos en el vino.


Si lloras por las esquinas,
no digas que no soy buena.
Son tus locos devaneos
los que coronan tu pena.


Tus vuelos rotos decaen
como aquel pájaro loco.
Que va plegando sus alas
lentamente, poco a poco.


Yo soy la hoja caída
cuando el árbol la desprecia.
Como la ola en la playa
cuando la mar la deshecha.


Pero el viento vigoroso
abanicará mis alas.
Impulsando mis anhelos.
Lograré volar muy alto
destruyendo a mis desvelos.



                          

LA MUERTE DEL TÍO QUICO (Manuela Llera)

miércoles, 29 de mayo de 2013

Samuel estaba absorto en sus pensamientos, cuando el sonido de su móvil desvió su atención, era su hermano Víctor. -¿Qué pasa Víctor? Que sorpresa. -La verdad es que nos comunicamos poco, pero esta vez merece la pena mi llamada, es para comunicarte una buena noticia, se nos han terminado los problemas, ¿estas de pie? pues siéntate !Ha muerto el tío Quico¡ -¡Bien! ¡Que gran noticia! entonces, ¿nos vamos al tanatorio? -al tanatorio, ¿a qué? Si no lo hemos visitado en tantos años que llevaba en la
residencia, qué vamos hacer en ese tanatorio. Quedaremos en la espera de que nos avise el notario, somos su única familia y el tío Quico estaba forrado, si papá hubiera sido como él y no hubiese fundido todo su capital, hoy no estaríamos en la completa ruina en que nos encontramos. Pero afortunadamente, se nos han terminado los problemas. A los quince días, el notario los citó. Los pasaron a una sala en la que había una sola persona, una chica de unos cuarenta años. Los hermanos se miraron entre si, un poco extrañados. Entró el notario y se sentó frente a ellos en su mesa de despacho. Muy ceremonioso, les comunicó. Paso a leer las últimas voluntades del Señor Ruiz. Sacó de un cajón un sobre lacrado y empezó a leer.-“Yo Francisco Ruiz Salgado con mis facultades mentales normales y sin coacción  de nadie, dicto ante el señor notario que: mi casa sita en la calle discóbolo numero 45 en la localidad de  Madrid, la finca y el cortijo sita en el pueblo de Torre Menga Salamanca, incluyendo animales; con la condición que se mantengan todos los obreros que allí trabajan, y, mi cuenta corriente que poseo en el banco de dos millones trescientos mil euros, pasen a Piedad Delgado, por haberme cuidado durante mi enfermedad y para recompensar los desvelos que tan cariñosamente me ha dedicado. Para mi sobrino Samuel como debe pesar ya alrededor de los cien kilos, le dejo mi silla de ruedas, porque posiblemente pronto la va a necesitar. Para mi sobrino Víctor le dejo mi bastón, como es tan sentimental, seguro que lo disfrutará con gran estima. Y eso es todo, os deseo larga vida. “Rezad una oración por mí alma“.

Francisco Ruiz Salgado

Manuela 

INSOMNIOS DE FRIAS NOCHES (Manuela Llera)

sábado, 20 de abril de 2013



En mis noches de insomnio te extraño,
la sombras de la oscuridad me ciegan,
mis sueños tu presencia me niegan,
me sumerjo sin querer en tu engaño.

En las nubes flotando me mezo,
turbulenta mi vida me acosa,
no le encuentro sentido a las cosas,
y te espero a la sombra del brezo.

Triste noche de sombras sin ti,
cegada por tu amor compartido,
ya no sé si podré resistir,

el sabor de tus besos perdidos,
y al final de aquel túnel partí,
sumergida en el tren del olvido.

SOLAS ELLA Y YO (Manuela Llera)

miércoles, 20 de marzo de 2013

En la sala silenciosa, solas ella y yo, solíamos sentarnos en nuestras respectivas sillas con el asiento de anea; debajo de la falda de gamuza de la pequeña mesa camilla, un cálido brasero reconfortaba la estancia.
Frente a nosotras, una vieja ventana de madera de dos hojas, sólo una de ellas tenía cristal, daba a una calle amplia y soleada. A través del fino cristal, a veces, veía caer las canales, que resbalaban del viejo y sumiso tejado cuando la lenta lluvia caía. Cómo música de fondo, el tic-tac del viejo y cansado reloj despertador que reposaba en el basar, sólo
funcionaba si estaba echado en su propio costado. Silencio y tristeza en la cara de ella. En la mía, aburrimiento, creándome una melancolía eterna. Largas noches, monotonía estable, escaseé de infantes. Sólo tristeza adulta. Son huellas que el paso del largo tiempo nunca puede borrar. Aquellas horas largas, constante vacío de alborozo. Consejos de
una mente de dos generaciones atrás. -“En mi época, las faldas se llevaban hasta los tobillos; de hecho; aún la sigo llevando“. Solía decirme -“Ahora, ya ves, tu la llevas muy corta, apenas te tapa las rodillas. Aún eres pequeña, pero cuando seas mayor te la tendrás que
poner más larga, no está bien visto que una señorita vaya luciendo las piernas. Te tienes que ir preparando para el futuro que te espera. Tienes que aprender a coser, hacer toda clase de labores hogareñas, es lo que vas a necesitar cuando seas mayor, y a lo largo de toda tu vida“. Y así, siempre la misma canción. Y yo siempre atenta a los consejos, sin un reproche, ni una sola queja. “¿Esta noche que vamos a cenar?” Pocas veces me atrevía a hacer esa pregunta; entre otras cosas porque ya lo sabía, casi siempre era el mismo menú: pan tostado en el brasero de picón, con un chorrito de aceite de oliva y un trocito de queso de cabra, de elaboración propia. En contadas ocasiones cambiaba el queso por una pastilla de chocolate. -“¿Esta tarde podré salir un ratito con mis amigas?”
Es domingo.“ Me atreví a preguntar. -“Sí, puedes salir a jugar, pero antes de ponerse el Sol tienes que volver, no me gusta que andes por la calle
cuando se haga de noche” Me ponía un vestido bonito, y me peinaba con dos largas trenzas, en las que me ponía dos lazos blancos como dos grandes mariposas. Luego, en ocasiones, se rebuscaba en su faltriquera y me daba una perra gorda, o, como mucho, tres chicas. Siempre me las gastaba en comprarme confites de anís. En las largas noches, sobre todo en invierno, empleábamos el tiempo escogiendo los garbanzos, naturalmente, uno a uno, ya que abundaban las impurezas, era el menú
casi diario. Otras noches me tocaba leer una página de un libro cualquiera, mi abuela era sumamente metódica, y yo, obediente y sumisa.
A veces me ponía como deberes copiar la página que había leído el día anterior; un día a la semana tocaba hacer cuentas y estudiar la tabla de multiplicar. En fin, pocas horas tenía libre, por el día tocaba labores:
ganchillo, el fatídico punto de cruz, punto de media, pero sobre todo coser: hacer zurcidos y piezas en la ropa ya rota, los calcetines eran una tortura, cada día se rompían. Todo era rutina: desde entonces la detesto.
Antes de irnos a dormir, era como un ritual, mi abuela cerraba las puertas, le daba cuerda al reloj y cambiaba la hoja al almanaque perpetuo que colgaba de la pared. Cuando yo era casi una adolescente, mi abuela enfermó. Una mañana fría del mes de noviembre se me fue para siempre.
Yo sentí un gran dolor y pensé que se había llevado un trozo de mi. Hoy es un pasado muy lejano, pero aquellas huellas monótonas me fueron de gran provecho a lo largo de toda mi vida, porque me enseñaron a saber estar, a escuchar, a obedecer y tantas, y tantas cosas de provecho. Lástima que casi no supe aprovecharlo o no quise, a lo mejor porque la creí poco adecuada para mi época.

Manuela Llera Ramos
                           

VENGANZA (Manuela Llera)

domingo, 16 de diciembre de 2012


Era  una noche clara, la Luna llena campaba a sus anchas por un firmamento apacible, silencioso; a pesar que la calma invitaba  al sosiego, él estaba tenso, nervioso, no le apetecía volver a su casa, pero tampoco le llenaba su entorno.
Ya sabía lo que le  esperaba. Era sábado, su mujer saldría como de costumbre, a él los celos le rompían el alma. Ella que siempre fue tan hogareña, que jamás había salido de marcha sin él… Pero las cosas habían cambiado de tal manera, que ya no tenían solución. Todo cambió por su culpa, por no haber sabido parar a tiempo el rollo que había tenido con su compañera de trabajo.
Por todos los medios intentó negarlo, pero ella era lo
suficiente inteligente como para creerse sus versiones engañosas.
Cada día las cosas iban de mal en peor.
Un día que él le echó en cara su comportamiento, ella le dijo que hasta allí habían llegado, que la separación pondría fin a tan penosa situación.
Como estaban casados en régimen gananciales no tuvieron problemas, porque ni siquiera tenían hijos.
En el juicio el juez fue tajante, sean repartido los bienes al cincuenta por ciento, por tanto mi veredicto es: a cada uno lo suyo.

Manuela 

PARA REFLEXIONAR (Manuela Llera)

jueves, 6 de diciembre de 2012


                                                
Hoy me he parado ha pensar las injusticias que existen en este mundo nuestro, tan grande, tan fructífero, con tanta tierra, animales, el mar, ¡que gran despensa! ¿Cómo puede ser que la gente, en según que países, se estén muriendo de hambre? ¿Y en otras por el contrario, estemos obesos, cargados de colesterol y enfermos por exceso de comida? Es un tema que me hace reflexionar, pero no sé explicarme por qué sucede este fenómeno, porque es un fenómeno, injusticia total. ¿Pero en qué manos está la solución?
Es una pregunta que me hago constantemente, y confieso que a veces hasta me roba parte de mi sueño.
De acuerdo que están las ONG, pero por mucho que luchan, no se ven grandes soluciones. Yo pienso que si todos colaboramos algo se puede solucionar, ya se suele decir que grano a gramo de arena se puede hacer una playa.
Pero la gran solución sería que, esos grandes capitalistas cedieran unas migajitas de su fortuna para salvar la vida de esos seres que mueren de hambre, o por falta de medicamentos.
Claro que eso es impensable, el ser humano es egoísta por naturaleza y no cede una pizca de su gran fortuna, antes se lo gasta en viajar al espacio.
Es una pena, pero desgraciadamente es la realidad.
Por estas fechas tan memorables quizás la gente se solidariza, pero esas gente tienen que comer cada día, de eso es de lo que tendríamos que sensibilizarnos, es una pena que haya niños tan desnutridos, que ya casi no admiten el alimento. En fin, sé que pensar en que esto termine, es como pegar un puño en el cielo. ¡Que triste!


Manuela

TRINO (Manuela Llera)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

                                               
Te veo en el sol y en la nube que lo esconde,
te veo en la roca sumergida,
en el mar que se abruma perseguida,
en las olas que caminan no sé donde.


Suspiro en silencio buscando otra boca
que me llene tu ausencia de amores perdidos,
grito tu nombre. ¿Amor donde has  ido?
De noche te sueño, alba la sed me provocas.
  
Miro al cielo para ver tus ojos,
en la nube quisiera viajar,
reposar en un cielo tranquilo,
donde nadie nos pueda encontrar.


En la copa del árbol me trinan,
es un ave, me muestra un papel.
¿No será que me mandas noticias
que algún día yo pueda leer?


Donde te escondes que yo no te encuentro,
te busco en las noches, te busco en el viento,
tesoro escondido con cara de ángel,
con piel de cordero y corazón, de nadie.


A las alas del tiempo me prendo en silencio,
ilusiones perdidas en tiempos lejanos,
otras aguas de otras fuentes beberé más temprano,
flotando en la nube galopo y presencio
el calor de tu boca, tu aliento.


Manuela Llera Ramos    

LA VIA LÁCTEA (Manuela Llera)

martes, 16 de octubre de 2012


La Vía Láctea mostraba su cola blanquecina y las estrellas brillaban como pequeños diamantes en un negrísimo firmamento sin luna.
Junto a aquel pequeño diamante, creí ver tus ojos, esos ojos que siempre busco entre las estrellas, desde que te fuiste sin decirme adiós.
Miro cada noche y odio a la luna cuando me roba esa luz. En las noches claras yo quisiera matarla, y así muerta, me dejara ver tu estrella hasta agotar mis ojos, que a
veces, ya ciegos, sólo ven vacío, oscuridad.
 No quiero creer que mis pensamientos son necios, pero si no tengo esa esperanza, creo que no merece la pena vivir.
Angustiosa trascurre mi vida, cuando los nubarrones negros se apoderan del cielo, sobre mí se ciñe el negro, esa oscuridad que me condena a estar sin ver la pequeña
lucecita, esa, en la que yo espero verte.
Cae la lluvia sin cesar, yo deseo que el cielo se rompa enpedazos, que las nubes cabalguen frenéticamente, que caigan a la tierra, estrellándose, despejando el obstáculo que me impide ver esa luz, la luz de mi ilusión.
Pero el tiempo va pasando, y mi ilusión se va desvaneciendo. Miro tu estrella, pero tus ojos no están, ¿no será que te has eclipsado? Mi mente se turba, ya no
sé que pensar.
El dolor de tu ausencia oprime mi corazón, pero tendré que mirar otro cielo, otras estrellas, otros diamantes… Esta vez aquí abajo, un amor real que me cure la herida
que ha dejado tu ausencia. Con él miraré al cielo las noches oscuras, y en sus brazos
contaré las pequeñas estrellas y te enviaré el calor de mis besos.
En un silencio sepulcral te diré. hasta siempre mi amor.



Manuela

Manuela Llera (Nosaltres)

domingo, 7 de octubre de 2012

Escritos de todos los tiempos de Manuela Llera, desde sus comienzos en el club


Conoce a nuestra Manuela, sus poesías, relatos, cuentos divertidos, humor, sensibilidad TODO, dejate envolver por su mundo que es el nuestro


http://autorsdepalleja.blogspot.com.es/search/label/Manuela%20Llera

SOÑANDO (Manuela Llera)

viernes, 28 de septiembre de 2012


Soñé que tu me querías
soñé que yo te besaba,

que el cielo se estremecía,
y las estrellas lloraban.
Soñé que estaba soñando,
soñé que me despertaba.

Soñando estaba una noche,
vi tu sombra que temblaba,
al tocarla me decía:
“ya no soy yo, no soy nada.”
Insistí con gran ternura,
en mi noche de delirio,
que la estreché entre mis brazos
y la mecí como a un niño.

Al despertar comprobé
que tu sombra había volado,
solo me queda de ti
el recuerdo del pasado.  

Manuela  Llera  Ramos

DÍA DE SANT JORDI (Manuela Llera)

lunes, 23 de abril de 2012


                                        
Hoy es el día de Sant Jordi,
día de mis dos pasiones:
un libro y una rosa,
rosas de vivos colores.
La rosa a mí me cautiva
por su hermosura y olor,
si la tengo entre mis manos
de placer, me da dolor.
Si es roja, pasión y fuego,
su fragancia es singular.
Se entristece mi alma
si se empieza a marchitar.
El libro porque me cuenta
relatos de larga historia,
yo me introduzco en sus páginas
y lo exprimo en mi memoria.
En esas noches de insomnios
cuando mis ideas fluyen,
son esas que me hacen daño
son de un pasado que huye.
Y hurgando entre mis libros,
en sus páginas dormidas,
yo me hundo entre las letras
ellas controlan mi huida.
Cuando mi rosa agoniza
y sus pétalos deshoja,
es mi libro entre sus página
uno a uno, los aloja.
Impregnándolos de letras
en sus cálidos arrullos
dulces sueños los cobija
en su lecho de murmullos.


Mamuela Llera Ramos                                          

LA RUEDA DE LA VIDA (Manuela Llera)

jueves, 15 de marzo de 2012



Yo sufro en el olvido tu calor,
pensando en lo que pudo ser, y  nunca ha sido.
Hoy tu tormenta pedregosa ya marchó,
quedándome yo sola en mi ancho nido.


Aquello que te dan sin merecerlo.
Desprecias su virtud tranquilamente
Porque las cosas de valor no se valoran
Aquellos que cerrada está su mente.


La rueda de la vida se paró,
el mundo giratorio lo ha marcado.
La vida no siempre es de miel,
ni hay lunas que te borren lo pasado.


Hoy ya se esclarece mi presente,
luciendo la verdad su colorido.
Un viento cálido derriba la tormenta,
y en el árbol perenne queda el nido.


Ya no lucho por aquello que marchó.
El pasado ya claudica en el olvido.
El presente hoy florece en el otoño
y al invierno llegaré: si no es prohibido. 



Manuela Llera Ramos

LA RUEDA DE LA VIDA (Manuela Llera)



Yo sufro en el olvido tu calor,
pensando en lo que pudo ser, y  nunca ha sido.
Hoy tu tormenta pedregosa ya marchó,
quedándome yo sola en mi ancho nido.


Aquello que te dan sin merecerlo.
Desprecias su virtud tranquilamente
Porque las cosas de valor no se valoran
Aquellos que cerrada está su mente.


La rueda de la vida se paró,
el mundo giratorio lo ha marcado.
La vida no siempre es de miel,
ni hay lunas que te borren lo pasado.


Hoy ya se esclarece mi presente,
luciendo la verdad su colorido.
Un viento cálido derriba la tormenta,
y en el árbol perenne queda el nido.


Ya no lucho por aquello que marchó.
El pasado ya claudica en el olvido.
El presente hoy florece en el otoño
y al invierno llegaré: si no es prohibido. 



Manuela Llera Ramos

LA ESPERA (Manuela Llera)

viernes, 9 de diciembre de 2011

                                                   
Cuando volviste la esquina y me dijiste a dios
tú me tiraste un beso. El viento se lo llevó.

Yo regresé a la cocina, hice un plato extraordinario
de pescado sin espina. Ese que te gusta tanto.

Y me fui para el salón para preparar la mesa,
puse aquel mantel bordado con dibujos de cerezas.

Saqué la vajilla blanca con el filito dorado,
los platos que te gustaban con cerezas decorados.

Abrillanté los cubiertos que parecían de plata
la servilleta en el plato curiosamente doblada.

Y en el centro de la mesa un jarrón de porcelana,
con un clavel reventón alimentado con agua.

A cada lado del centro un candelabro posaba,
las velas rojas rizadas. Las que tanto te gustaban.

La comida ya está lista y la mesa impecable,
solo espera tu presencia. Es un día memorable.

Yo me puse aquel vestido de color rojo amapola,    
el que tu me regalaste al otro día de la boda.

Y me peiné para tras mi pelo negro azabache
y lo enlacé con la cinta, la que tú me regalaste.

Y me maquillé la cara mis labios me dibujé
del color de las cerezas. A juego con el mantel.

Y me puse los zapatos negros de charol brillante,
con los tacones de aguja que me hacían tan elegante.

Y me senté en el sillón tranquilamente a esperarte.
Pero pasaban las horas y tú nunca regresaste.

Fueron pasando los días, fueron pasando las noche,
los meses y los años. Y yo seguía esperándote.

La mesa sigue esperando, el mantel es deplorable,
Y las cerezas bordadas, en su  estado lamentable.
                        
Sobre los platos vetustos las servilletas fallecen.
Y aquel clavel reventón en el jarrón ya es inerte.

Y me aliso mi vestido que carece de colores,
la nieve en mis cabellos me recuerda mis temores.

Mis labios rojos cerezas que a ti tanto te gustaban,
ahora son dos finas líneas completamente plegadas.

Miro al suelo a mi derecha mis zapatos elegantes
están cubiertos de polvo. Ahora ya no están brillantes.

Y yo te sigo esperando sentadita en mi sillón,
con la ilusión que tú vuelvas para pedirme perdón.

Manuela Llera Ramos

Sola (Manuela Lleras)

miércoles, 23 de noviembre de 2011




Sola me quedé, cuando te fuiste
con  tu triste soledad. Volaste tú,
rogué por tu salud con plenitud,
mi vida quedó vacía y triste.

Lloré en silencio tu triste huida,
recordando viejos tiempos vividos,
tratando de luchar contra el olvido
del rostro de la amiga, perdida.

Pobre dolor el tuyo. Para qué
sueños rotos, delirios banales.
Todo terminó, hoy ya no sueñas.

Así es el destino sin saber por qué.
Sufrí y luché contra tus males,
y no pude luchar contra tu dueña.
             

Manuela Llera Ramos

La Mar (Manuela Lleras)

En la arena de la playa
escribí tu nombre un día.
Las olas se lo llevaron
la mar lo guarda dormido
y yo espero tu respuesta
con mi corazón herido. 

Mar en calma, cálmame.
Vientos fríos me dominan.
Sobrevuelan mis sentidos
turbulencias vespertinas.

Mar brava, escúchame.
No golpees mi camino.
En la espuma de la roca
está escrito mi destino.

Allá por el horizonte,
donde la vista se pierde,
diviso un barquito blanco
donde la luna se mece.

Mar de noches estrelladas,
las estrellas juguetean
coqueteando en tus aguas
mientras tú las bamboleas.

Mar muerta, si lo consiguen,
porque inicios tienes ya,
residuos contaminantes 
en tus entrañas están.

Si un día que mucho tarde
mi materia hay que guardar,
quiero dormir en silencio
en tu lecho de cristal.

Hoy la bruma te entristece,
no llores, que ya verás,
al levantar la mañana
el Sol te iluminará. 

Manuela Llera Ramos

El Poeta (Manuela Lleras)

El poeta piensa y dicta a su pluma. 
Ella… obedece, a veces con desgana. 
Es la mente turbulenta del poeta, 
las palabras en la pluma las desgrana.

Sin querer, su alma va desnudando
dejando traslucir sus sentimientos.
Está absorto en el fondo de su ser,
aireando sin querer su pensamiento.

¿Poeta yo? No, solo es una escapada
de aquello que me oprime y me lesiona.
Mientras yo reposo en mi coraza
la pluma es infiel y me traiciona.

Hoy yo quiero escribir, pero no puedo.
Mi mente se rebela, está cerrada.
Será el  tormentoso día de otoño.
Sin yo querer, la tiene encarcelada.  

Si piensa el poeta que escribiendo
no desnuda sus secretos ya dormidos,
qué iluso, pobre ingenuo que no sabe
que sin él querer, la pluma se le ha ido

y derrocha en el papel lo que guardaba,
en un rincón de su mente sumergido.

Manuela Llera Ramos
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