El reo (Agustín Rueda)

jueves, 9 de agosto de 2012


El reo, con las manos amordazadas caminaba arrastrando lentamente los pies en medio de los dos alguaciles que de manera perniciosa lo acompañaban hacia lo que tenía que ser su último evento. Un tercero, con gesto de ceremonia repicaba un lúgubre tambor anunciando un fatal desenlace.
La plaza principal del pueblo, junto con la enardecida muchedumbre serían testigos de excepción de lo que en breves momentos iba a tener lugar.
Al llegar la triste comitiva, el pueblo enardecido jaleaba al reo lanzándole toda clase de escarnios.
Algún niño se atrevió a lanzarle alguna piedra con la benevolencia de su progenitor.
Todo estaba a punto.
...
Ya en la cima del patíbulo, al que sin ningún miramiento lo izaron; el verdugo le requiere que pida su última gracia.
El reo respira profundamente, y con aparente tranquilidad responde. – No me pongas la cogulla, quiero vivir mi último acto.
Las gentes de aquel lugar aplaudieron largamente la actuación de aquel pobre infeliz.
A diferencia de otras actuaciones esta vez no bajó el telón.

El reo (Agustín Rueda)


El reo, con las manos amordazadas caminaba arrastrando lentamente los pies en medio de los dos alguaciles que de manera perniciosa lo acompañaban hacia lo que tenía que ser su último evento. Un tercero, con gesto de ceremonia repicaba un lúgubre tambor anunciando un fatal desenlace.
La plaza principal del pueblo, junto con la enardecida muchedumbre serían testigos de excepción de lo que en breves momentos iba a tener lugar.
Al llegar la triste comitiva, el pueblo enardecido jaleaba al reo lanzándole toda clase de escarnios.
Algún niño se atrevió a lanzarle alguna piedra con la benevolencia de su progenitor.
Todo estaba a punto.
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Ya en la cima del patíbulo, al que sin ningún miramiento lo izaron; el verdugo le requiere que pida su última gracia.
El reo respira profundamente, y con aparente tranquilidad responde. – No me pongas la cogulla, quiero vivir mi último acto.
Las gentes de aquel lugar aplaudieron largamente la actuación de aquel pobre infeliz.
A diferencia de otras actuaciones esta vez no bajó el telón.

Llibertat (Montserrat Nadal Prats)

La brisa gèlida que salsava a primera hora del matí d’aquell 4 de febrer se’m clavava a la cara com ganivets esmolats. El son encara es feia patent en el meu rostre, la nit havia estat llarga, molt llarga. Fugia d’aquell lloc entrebancant-me a cada pas per aquell estret camí, però no m’importava perquè havia pres una decisió. Em dirigia al lloc on havia algú que faria que la brisa fos més càlida, les meves nits més curtes, el meu camí més ample i no ensopegués a cada pas.

Llibertat (Montserrat Nadal Prats)

La brisa gèlida que salsava a primera hora del matí d’aquell 4 de febrer se’m clavava a la cara com ganivets esmolats. El son encara es feia patent en el meu rostre, la nit havia estat llarga, molt llarga. Fugia d’aquell lloc entrebancant-me a cada pas per aquell estret camí, però no m’importava perquè havia pres una decisió. Em dirigia al lloc on havia algú que faria que la brisa fos més càlida, les meves nits més curtes, el meu camí més ample i no ensopegués a cada pas.

Cambio de Habitación (Gloria Vendrell Moix)

El hombre acompañado de un albañil, llegó al sitio donde tenia su propiedad. Pararon junto a la cancela de hierro y se acercaron al lugar donde se requería hacer la obra,el operario encendió una linterna para ver el interior porqué dentro no había demasiada luz. El hombre explico lo que quería que hiciera y el otro se puso enseguida manos a la obra. Rasco, y lo rebozo con un material antihumedad. Al día siguiente termino el trabajo pintando de blanco todo el habitáculo. Cuando estuvo, el hombre dio unos pasos atrás para contemplar su encargo. Había quedado mejor que nuevo! felicitó al albañil y le pidió que no cerrara para que se secara bien. De momento no tenia ninguna prisa en cambiarse de vivienda. Su futuro nicho!
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